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El Protocolo Urrutia y sus consecuencias

Escrito por: Diego Mendoza

El siglo XIX venezolano estuvo marcado por la inestabilidad y el choque constante entre facciones personales. Uno de los episodios más tensos, y a menudo subestimados, fue la crisis diplomática derivada de la caída del «Monagato».

Dos barcos de la escuadra aliada anglofrancesa llegaron el cuatro de mayo de 1858 al Puerto de La Guaira solicitando el cumplimiento, en un plazo de 48 horas, del documento firmado, aumentando así la crisis y los temores.

Días antes, más exactamente el seis de abril, el Gabinete de gobierno se había enterado de que el secretario de Relaciones Exteriores, Wenceslao Urrutia, había firmado, en nombre de sus homólogos, un documento por medio del cual acordaba condiciones para la salida del expresidente José Tadeo Monagas del consulado francés.

Urrutia se defendió manifestando lo siguiente el 15 de abril a través de una carta pública: “He creído que el castigo de Monagas engendraría rencores y daría pábulo a las pasiones del momento.

Conocido como “Protocolo Urrutia”, el texto convenido el 26 de marzo con los representantes diplomáticos de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Brasil, España y Países Bajos, buscaba evitar que opositores del exmandatario arremetieran contra este, y que posteriormente pudiera ser enviado al exilio sin necesidad de presentarse ante la justicia, donde se le acusaba por casos de corrupción, nepotismo y mal manejo de la Hacienda Pública.

Monagas había presentado su renuncia ante el Congreso el 15 de marzo de 1858, tras haber sabido que el gobernador de Carabobo, Julián Castro, se había alzado en armas y puesto en marcha hacia la capital, movido principalmente por la promulgación de la Constitución de 1857, la cual centralizaba aún más el poder, extendía el periodo presidencial a seis años y permitía la reelección inmediata.

Estos hechos hacían que la política nacional estuviera en un momento crítico. De manera que el Protocolo Urrutia podía representar para el gobierno una salida tranquila del caudillo oriental, cosa que desafortunadamente no ocurrió; pues si bien Monagas abandonó el consulado el 27 de marzo de 1858, lo que siguió fue una situación de tal nivel de complicación que no pudo ser resuelta sino hasta el 27 de agosto por los miembros integrantes de la Convención Nacional desarrollada en Valencia.

Los representantes nacionales cargaron contra el gobierno de Castro y su depuesto secretario Urrutia, mientras la armada anglofrancesa exigía el cumplimiento a cabalidad del documento firmado, el cual Fermín Toro, como nuevo secretario de Relaciones Exteriores, había intentado reformular para que Monagas pudiera ser juzgado. Así mismo, pedían una indemnización por los agravios causados por las turbas bajo el beneplácito del gobernador de Caracas.

En las conversaciones diplomáticas estuvieron involucrados el general Carlos Soublette y Mauricio Berrizbeitia, y fue durante este plazo que ocurrió la llamada “Galipanada”, que será tema de otro artículo.

Finalmente, la flota, que había aumentado en número, levó anclas tras la salida del oriental hacia Martinica el 31 de agosto. Posteriormente, la misma Convención lo declaró “traidor a la patria” y exigió sus bienes como indemnización a la nación y a particulares, hecho este último que no se efectuó.

En cuanto a Wenceslao Urrutia, a finales de 1859 pasó un tiempo bajo arresto en el islote de Bajo Seco, en la Barra del Lago de Maracaibo. En 1868 fue Ministro de Hacienda y Crédito, y el 17 de agosto de 1869 murió por la ruptura de un aneurisma cuando intentaba huir de un grupo de “lincheros” que atacaron su casa en Caracas.

Sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional el 20 de abril de 1876.

El Protocolo Urrutia no fue solo un acuerdo de salvoconducto; representó un momento de vulnerabilidad extrema para la soberanía nacional, donde las cañoneras de potencias extranjeras dictaron los términos de la política interna desde las costas.

Queda en la historia como un recordatorio de cómo, en momentos de debilidad institucional, la diplomacia puede convertirse en una herramienta de presión externa. Además, el papel del asilo, la inmunidad y la autonomía diplomática.

Todo esto es un preludio necesario para entender las tensiones que, poco después, desembocaron en la Guerra Federal.

Referencias:

Harwich N. (S/F). Protocolo Urrutia. Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Empresas Polar

Franceschi N. (2019). Caudillos y Caudillismo de la Historia de Venezuela (Ensayos Históricos: Venezuela 1830-1930). Universidad Metropolitana.

Cronología de Historia de Venezuela y Eventos Mundiales de la Fundación Empresas Polar.

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