Asdrúbal Oliveros: la dolarización como alternativa legítima que no exime de reformas estructurales

El economista sostiene que, tras más de 40 años de inflación e inestabilidad cambiaria, el país requiere discutir su régimen monetario sin caer en dogmatismos ni idealizar sus alcances.
La discusión sobre el régimen monetario en Venezuela ha recobrado vigencia tras cuatro décadas caracterizadas por una persistente inflación, devaluaciones continuas y sucesivas reconversiones. En este escenario, el economista Asdrúbal Oliveros enfatiza que el esquema actual carece de sostenibilidad a largo plazo y requiere una revisión técnica rigurosa.
En un análisis publicado en su boletín informativo de Substack, Oliveros sostiene que la adopción plena de la divisa estadounidense no debe evaluarse desde posturas ideológicas. El especialista precisa que la propuesta constituye una vía válida de análisis, aunque advierte que sus costos suelen resultar menos visibles que sus eventuales beneficios iniciales.
Límites de la estabilidad monetaria
El principal atributo del uso formal del dólar reside en la fijación de un ancla nominal sólida para contener los precios. Al prescindir de la moneda nacional, el Estado pierde la capacidad de emitir dinero de forma inorgánica para cubrir déficit fiscales, medida que ha afectado históricamente la credibilidad del ente emisor.
No obstante, la renuncia a la moneda propia implica perder la autonomía monetaria y el tipo de cambio como mecanismo de ajuste económico. Asimismo, limita la efectividad del Banco Central para actuar como prestamista de última instancia frente a tensiones financieras, punto resaltado en diversos informes técnicos por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
«Después de más de cuatro décadas de inflación, la dolarización no puede considerarse una propuesta irracional, pero tampoco debemos idealizarla», sostiene Oliveros.
Lecciones internacionales
Oliveros examina la experiencia de Ecuador, nación que adoptó el dólar en el año 2000 tras una severa crisis bancaria. Si bien el proceso contuvo la depreciación, la falta de disciplina fiscal posterior obligó al gobierno a utilizar mecanismos indirectos del Banco Central para financiar su gasto, distorsionando el espíritu de la medida.
Por otro lado, el caso de El Salvador evidencia que la estabilidad cambiaria no se traduce automáticamente en mayor productividad. La evidencia regional demuestra que la adopción de una moneda fuerte no resuelve deficiencias en materia de infraestructura, capacitación del capital humano ni falta de seguridad jurídica.
En el análisis expone que un régimen monetario formal no sustituye las reformas institucionales indispensables. Para lograr un crecimiento sostenido, Venezuela requiere disciplinas fiscales rigurosas y políticas que fortalezcan el aparato productivo, más allá de la divisa elegida para realizar las transacciones.
Evaluación de regímenes
Además de la dolarización formal, el análisis contempla otros esquemas posibles para la economía venezolana. Entre ellos figuran la preservación de una moneda propia bajo reglas de estricta disciplina fiscal, la adopción de cajas de conversión o el afianzamiento de esquemas bimonetarios formales que permitan la coexistencia regulada del bolívar y el dólar.
En este marco de opciones, Oliveros destaca la conveniencia de evaluar un sistema de libre circulación de monedas o régimen multimoneda. Esta propuesta permitiría a los agentes económicos transar libremente en las divisas de su preferencia, otorgando flexibilidad al mercado y reduciendo la fricción en los pagos sin atar definitivamente al país a un solo emisor extranjero.
“Mi preferencia está en un sistema de libertad monetaria, con un arreglo institucional claro y con un bimonetarismo formal como transición posible. Pero no descartaría la dolarización si las circunstancias terminan haciendo inviable otra alternativa. Lo que sí descartaría es la idea de que basta cambiar la moneda para cambiar la economía”, manifiesta el economista.





